Clases

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La Experiencia de una Clase

La práctica de asanas (posturas) en una clase es secuencial y progresiva, cada postura prepara el cuerpo para la siguiente, y el conjunto de posturas practicado en una clase tiene un efecto determinado en el organismo.  Normalmente una clase comienza con posturas de relajación y preparación del cuerpo, para seguir hacia posturas energizantes donde se trabaja aspectos como el equilibrio, la fortaleza y la movilidad de distintas zonas. Para finalizar se realizan posturas recuperativas y calmantes.

Una práctica correcta depende de una secuencia equilibrada, al final de una clase el practicante debe sentir su cuerpo vivo y su mente en calma.
En la metodología Iyengar la evolución del practicante es gradual, en una primera etapa el objetivo se centra en remover las tensiones y bloqueos del cuerpo en su aspecto más grueso (músculos, tendones, articulaciones, ligamentos, etc.), aprendiendo a estirarse y fortaleciendo su musculatura, razón por la cual en esta etapa se practican muchas posturas de pie e inversiones simples. Al mismo tiempo las principales articulaciones van ganando movilidad.

En una siguiente etapa el practicante que ha logrado desarrollar equilibrio y resistencia, pasa a un nivel en el que sostiene las posturas por más tiempo, logrando movimientos más sutiles y acciones más refinadas que corresponden a un proceso más reflexivo que lo ayuda a penetrar hacia capas más internas del cuerpo y de la mente.

En una tercera etapa el practicante ha logrado liberar su cuerpo y comienza a conectarse con su propia intuición, lo que le permite explorar su práctica desde distintos ángulos, desafiándose a sí mismo, porque reconoce y entiende a su cuerpo.
En adelante, las prácticas más avanzadas constituyen un permanente diálogo entre el practicante y su maestro interno, en las que la introducción de posturas de mayor complejidad, responden a la necesidad de conexión e interpenetración hacia todas las capas que conforman su ser.